martes, 20 de octubre de 2009

Hipocresía

[19-10-2009] Iñaki Gabilondo en Noticias Cuatro: “El Gobierno debe escuchar el clamor de la calle en torno al aborto, se dice. Pero ¿cómo hacerlo correctamente?.

Porque en la manifestación estaban los que se oponen hoy y se han opuesto siempre a cualquier clase de aborto por principio y por principios. Pero estaban también los que se oponen a la reforma de la actual ley del aborto invocando principios, pero no se opusieron a la ley actualmente en vigor, incluso la pactaron e incluso gobernaron con ella sin que se les notara incomodidad moral alguna.

Es decir: los que no pueden aceptar ni un aborto y los que permitieron decenas de miles sin inmutarse estaban juntos en la calle. Y el clamor que producían era sólo uno. ¿Cómo interpretarlo?. ¿Cómo distinguir el oportunismo y la hipocresía del clamor verdadero?.

Otro factor de confusión procede de la obsesión española por regularlo todo, lo cual, por acumulación, produce verdaderos galimatías. El debate suscitado por el tema de los dieciséis años es reflejo del lío que tenemos con las edades.

Sígannos, si pueden, en este recorrido manicomial. Una niña debe usar sillita infantil homologada en el coche hasta los doce años. Al año siguiente, con trece, puede consentir en relaciones sexuales. A los catorce ya podría casarse, aunque en la celebración de su boda no podría beber bebidas alcohólicas. A esos mismos catorce años puede hacer testamento pero no se le permite viajar como acompañante en una moto. A los famosos 16 años de la polémica, es mayor de edad sanitaria y puede, por ejemplo, decidir un trasplante, pero no puede hacerse un piercing o un tatuaje, ni puede abrir una cuenta corriente, ni votar.

Esta descacharrante cadena de contradicciones es un simple reflejo del estupor mas viejo del mundo, el que nos produce ver crecer y hacerse mayores a nuestros hijos, a los que no sabemos si tratar como niños o como adultos. Ese estupor universal, en España lo queremos ocultar dictando leyes, espasmódicamente. Ahora pretendemos que la ley obligue a las adolescentes a tener confianza en sus padres.

De forma que, entre las hipocresías, los oportunismos, y la merienda de negros que tenemos montada con las edades, descifrar la voz de la calle es más difícil de lo que parece.”

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